Censistas despertaron a chillanejos: los recibieron con café y galleta

Para muchos jóvenes y adolescentes esta fue la primera participación activa de un evento cívico. Las preguntas sobre etnias y sexo causaron polémicas menores en Chillán 13.00 horas de ayer ya volvían los primeros censistas al estadio municipal

No solo las mordeduras de perro o la ausencia de algunos censistas marcaron la jornada de la principal encuesta del país que se aplicó en la comuna de Chillán.

Respuestas insólitas, molestias por algunas preguntas y rumores que se tomaron las redes sociales también fueron parte del anecdotario del censo.

Y si a la Presidenta Bachelet, en la primera de las casas que censó en la comuna de Renca, le abrió un vecino en pijama, a Fernanda Sepúlveda, alumna del Colegio San Buenaventura a quien le asignaron la calle Huambalí, dijo que “el 80% de personas que me atendieron estaba en pijama”.

Con 16 años, era la primera vez que participaba en forma activa de un proceso cívico de magnitud nacional, por lo que “al principio estaba súper nerviosa, no sabía cómo me iban a tratar, además que la primera casa que censé fue a las 9.30 de la mañana”, comentó, añadiendo que la experiencia fue “mucho mejor de lo que esperaba”.

Si de galletas se trata, “me dieron tanta comida que cuando llegué a la casa no quise ni almorzar. Yo les decía a la gente que teníamos colación, pero insistían en darme cosas”, relató entre risas.

Y si cuando Fernanda preguntaba a los encuestados por el sexo, la respuesta solía entregarse entre bromas y chistes, para otros censistas fue motivo de retos.

“¡Que no ve que soy hombre!”, o “¡obvio que mi marido es hombre, no va a ser mujer!”,  fueron alguna de las respuestas que recibieron los censistas que tenían como base el estadio municipal.

Uno de los delegados, Aquiles Pino, de todas formas aseguró que el proceso fue más rápido de lo que esperaban.

“Ya a la una de la tarde empezaron a aparecer los primeros censistas retornando del sector que comprendía Collín, Palermo, Alonso de Ercilla y Huambalí, en nuestra zona 3, que tuvo 55 censistas, más el personal de coordinación”, explicó.

Pino confidenció que entre las situaciones inesperadas fue el recibir a una brasileña que llegó al estadio pensando que había que acudir a ese centro a censarse, “cuando le explicamos que era en los domicilios, se fue rápido por temor a que pasaran por su casa y no la encontraran”.

Otra de las preguntas que generaron ciertas situaciones insólitas fue la representatividad de pueblos indígenas.

En el Hospital Herminda Martín, a una de las enfermeras que censaron a los internos, uno de ellos le dijo “que era mapuche, pero yo le pregunté por sus apellidos, que eran españoles, y Él me dijo que de todas formas él se sentía mapuche, y lo que hice fue ponerlo, total era él quien respondía”.

Censistas impactados
No todos fue anécdotas y galletas. La profesora Laura Sepúlveda estuvo a cargo de los censistas que cubrieron la Villa Las Almendras, uno de los lugares más deprimidos  económicamente de Chillán.

“Y claro, ellos salieron impactados, por las condiciones de vulnerabilidad que se ve allí, casas chicas, hacinamiento, personas enfermas que viven solas y niños solos fue parte de lo que se encontraron. Nos recibieron bien porque a mí me conocían”, explicó.