Agua y descentralización

La megasequía que se ha prolongado por siete años en la zona centro-sur del país y la situación de emergencia permanente en que viven 5 mil familias en Ñuble que no tienen agua para sus necesidades más básicas, son dos ejemplos reveladores de los impactos que está generando el cambio climático en la zona y que se acentuarán en los próximos años. 

Y es que si bien los expertos climatólogos plantean que este 2017 el fenómeno podría llegar a su fin, lo cierto es que el contexto de cambio climático será un factor relevante en la mayor frecuencia de años secos con déficit de precipitaciones superiores al 30%. 

En tal sentido, las conclusiones de los especialistas, más allá de registrar los evidentes cambios y hacer valiosas proyecciones, resultan fundamentales para diseñar estrategias que mitiguen los efectos del calentamiento global. 

Justamente, el valor de informes como los conocidos el pasado jueves en el seminario organizado por la Facultad de Ingeniería Agrícola de la UdeC también radica en que hacen importantes recomendaciones, teniendo como destinatarios a aquellos que trabajan en la agricultura, el turismo y servicios públicos y que apuntan a la necesidad de adaptar estrategias y políticas de largo plazo, con el fin de fomentar inversiones sustentables y promover la participación y la integración social. 

Precisamente en esa jornada, el experto local José Luis Arumí presentó una interesante propuesta que debería ser estudiada por el Gobierno y los legisladores, consistente en la creación de Secretarías Regionales del Agua, dependientes de los respectivos gobiernos regionales, pero independientes del ciclo político y cuya misión sería coordinar una instancia de trabajo integrada por los distintos actores relacionados con el recurso.

Para ello, como bien plantea el decano de Ingeniería Agrícola, es clave generar capacidades técnicas a nivel regional, pues la descentralización en la toma de decisiones requiere de recursos humanos calificados para ejecutar acciones complejas, pero imprescindibles, como el levantamiento de información hidrológica, hidrogeológica y glaciológica. 

Y tan importante como lo anterior es la voluntad política, no solo para incluir esta iniciativa en la actual discusión de la Ley de los Gobiernos Regionales, sino también para que una vez implementada cuente con el peso político para cumplir sus objetivos y lograr que las decisiones y su imposición se hagan efectivas. 

Sin duda, resulta imprescindible una visión superadora de las actuales modalidades de gestión del recurso hídrico en las distintas actividades, de forma articulada, inclusiva y participativa para arribar a un modelo de gestión basado en un replanteo de los estilos de producción y de consumo. 

Sin embargo, para poder alcanzar un trabajo coordinado, en pos de un desarrollo sustentable, es imprescindible generar una alianza público-privada. Se trata, pues, de reforzar las responsabilidades propias de cada sector para maximizar los resultados de las sinergias. 

Cuidar el agua y usarla eficientemente es una tarea que nos involucra a todos y de la que todos seremos beneficiarios.