Importaciones de carne

El escándalo de las carnes brasileñas adulteradas conocido como “carne débil”, que motivó la suspensión de las importaciones desde Chile, reabrió el debate sobre la importación de carne bovina desde países del Mercosur, la que según el gremio ganadero chileno representa una competencia desleal para los productores locales, pues según sostienen, se está ingresando carne a precios más bajos, pero que no cumple con las normas de tipificación nacional.

Al respecto, Aprocarne Ñuble y Fedecarne hace varios años vienen planteando la necesidad de mejorar la fiscalización, tanto en origen como en destino, una tarea que a todas luces no se puede abordar con la actual dotación del SAG, considerando que solo en Brasil existen 80 plantas faenadoras habilitadas para exportar a Chile.

El problema no solo involucra a los fiscalizadores del SAG y a los mataderos del Mercosur, sino que también al retail chileno, que importa y comercializa carnes de segunda y tercera calidad, rotulada como de primera, lo que evidentemente ha introducido distorsiones de precios que se deben corregir.

Lamentablemente, en el Gobierno no parecen entender la gravedad del problema que afecta a los ganaderos, quienes han perdido competitividad en el mercado nacional como consecuencia de este proceso que va en aumento, de hecho, entre 2005 y 2016 el volumen de carne de bovino importada se incrementó en un 29%, y hoy solo el 50% de la carne que se consume en el país es chilena.

Como contrapartida, en Chile sigue disminuyendo la masa ganadera bovina, debido principalmente a la baja rentabilidad del rubro y a la sequía, factores que se entrelazan con la “competencia desleal” y con los mejores precios internacionales de la carne, que han favorecido un aumento de las exportaciones chilenas, no solo de carne, sino de ganado vivo.

En Ñuble, el número de cabezas de ganado bovino disminuyó un 22,1% entre 2007 y 2015 de acuerdo a la última encuesta del INE, un proceso que también se ha visto favorecido por la competencia por el uso de suelo por parte de cultivos hortofrutícolas, que son mucho más rentables y que han desplazado la ganadería a suelos marginales.

En un escenario como éste, lo que se espera de las autoridades es que por un lado se aborden las deficiencias en materia de fiscalización de las importaciones y que exista voluntad para aplicar sanciones a las violaciones de la libre competencia en el marco de las normas del comercio internacional, y por otro lado, que se defina una verdadera política de incentivos para fortalecer al sector ganadero chileno, que apueste por el desarrollo de las exportaciones aprovechando el aumento de la demanda mundial por alimentos de calidad, que a su vez permita generar los retornos necesarios para invertir en genética, trazabilidad, control de enfermedades y en la retención de vientres, lo que resulta clave para la proyección del sector.

Se debe avanzar en un trabajo coordinado entre el sector público y el privado, con apoyo de la academia, para definir líneas de acción que permitan potenciar el rubro de cara a los mercados internacionales, apostando por la diferenciación en base a la calidad.