Socorro Andino: los héroes anónimos de la montaña

Para quien recorre por primera vez el camino montañoso a la Laguna el Huemul o a Aguas Calientes, más allá de la terapéutica experiencia de aventurarse por uno de los paisajes más bellamente conmovedores con que se esculpió nuestro Ñuble, la excursión reporta un trabajo físico que hasta lecciones sobre uno mismo entrega.

Se trata de un cansancio que no se alivia con el sueño y la sensación de estar aún con los zapatos ardiendo en la piel no se va estando descalzos.

Tanto que, cuando el paisaje deja de hipnotizar al caminante, y la fatiga supera en protagonismo a la majestuosidad del entorno, a veces engalanado por el cercano vuelo de un cóndor, las piedras y granitos que amenazan con sus puntas asoman como irresistibles colchones en los que reposar.

Para la Laguna El Huemul, el riesgo (y entretención) lo otorgan sus inclinadas laderas y estrechos pasos de desconfiable suelo.

Para llegar, en cambio, a Aguas Calientes, se requiere de buenas piernas y pulmones, ya que son cuatro horas de ida, cerro arriba y cerro abajo, más otras cuatro de vuelta.

Y si quien los recorre, no lo hace por placer, sino por un deber que púa el alma y que llama a rescatar a un turista extraviado, herido o fallecido en medio de un frío que tortura los huesos o de un calor que deja la garganta de lija, es porque se trata de uno de los 28 voluntarios -sí, no cobran ni ganan nada- del grupo de Socorro Andino, quienes en un promedio de cuatro veces a la semana deben salvarle la vida a alguien en este derrotero.

Por casi diez años han operado casi en las sombras de los ojos públicos, con una inyección de recursos que alcanzan la ignominiosa cifra de 50 mil pesos al mes para todo el equipo, y que como bomberos o carabineros ponen en riesgo su vida y dejan de lado sus trabajos para ir en ayuda.

“Una vez me tocó hacer este mismo viaje dos veces seguidas”, dice Ramón Zapata, el voluntario a quien Socorro Andino dispuso para acompañar al equipo de LA DISCUSIÓN a Aguas Calientes y conocer de cerca su oficio.

Zapata, quien es guía turístico de Nevados de Chillán, detalla que “esa vez acompañé a unos pasajeros del hotel hasta este sector y cuando estábamos de vuelta, me avisaron de una emergencia y tuve que volver”. 

Dar con las personas extraviadas no es fácil, primero porque si se pierden es porque no saben con exactitud dónde están y muchas veces el instinto los lleva hacia ellos, y segundo porque la señal telefónica, pasada la Piedra El Diamante (a 2.380 metros de altura) se pierde.

La bajada es aún peor, si las condiciones climatológicas no permiten la llegada de un helicóptero, el herido se monta en una camilla especial y es bajado a mano.

“La mayoría son personas que no estaba con las ropas adecuadas, ni conocían bien el camino, y tampoco se registran en Carabineros de Las Trancas, entonces nadie sabe siquiera que andan acá”, explica el jefe de la Tenencia  de Carabineros Las Trancas, teniente Yohn Kreisel, entidad que desde solo unos años ha comenzado a trabajar más coordinado con Socorro Andino, entre otras razones por el limitado contingente asignado a la unidad.

De comodidades nada. El equipo tiene una camioneta -el único vehículo con el que cuentan- que no está en las mejores condiciones y cuyo combustible lo pagan los voluntarios.

El equipo que la central de Socorro Andino (en Santiago) les provee consiste en una parca y una polera con los respectivos colores institucionales (naranjo) y el logo. “El resto de la ropa y los zapatos, que es lo más caro de todo, debemos costearlo nosotros”, confiesa Zapata quien detalla que para el tipo de actividad que supone el rescate en alta montaña, es necesario cambiarlos a lo menos dos veces al año y su costo es de 200 mil pesos, en promedio.

Ni hablar de colación, barras energizantes o bebidas isotónicas. Nada de eso.

42 rescates solo en 2017
La promoción turística de las bellezas termales, el explosivo aumento de cabañas y oferta hotelera que se ha hecho notar desde Los Lleuques a Las Trancas significa un alza de visitantes, quienes no se resisten a aventurarse por alguno de los cada vez más famosos senderos del lugar.

René Cárdenas, capitán de Bomberos Las Trancas, apunta que “si en el 2000 solo te cruzabas con algunos montañistas que eran de algún club de la UBB o de la U. de Conce, ahora te encuentras en cada momento a personas que se notan que no saben nada de montaña, porque llevan ropa urbana y carecen del equipo básico”.

No se trata de poleras, zapatillas y shorts más alguna mochila con agua y galletas, “tampoco basta con ver el mapa del lugar en Google”, advierte Zapata.

Iniciado el tramo hacia Aguas Calientes, los primeros minutos permiten llegar a las fumarolas cuyo vapor, azufre y barro es usado para depurar la piel por los turistas. En el horizonte se advierte la piedra El Diamante que tienta al recorrido.

“Pero es ahí donde la mayoría se confunde de camino, si no van con un guía o alguien que conozca el lugar, no hay senderos claros que te lleven a Aguas Calientes, por lo que muchos se pierden y si te encuentras con una tormenta los resultados pueden ser fatales. El problema no es la montaña, es la irresponsabilidad”, cerró el rescatista.

Solo en lo que va del año los rescates totalizan las 42 personas, la mayoría extraviados, algunos lesionados, desmayados y una fallecida.