Monitores de calidad del aire

Agredida por numerosas fuentes de contaminación ambiental, cada invierno la atmósfera de la intercomuna es una mezcla de sustancias para nada benignas, de las cuales el humo proveniente de las estufas a leña son su principal y nocivo componente. 

La situación ha motivado que se elabore un Plan de Descontaminación Ambiental (PDA), que entró en vigencia en 2016 y tiene una duración de 10 años, con una meta de 40% de reducción de la contaminación al final del período. Su implementación no ha estado exenta de dificultades y el restrictivo presupuesto con el que cuenta este año para el recambio de estufas, marca un negativo precedente, tal como lo expresamos, en este mismo espacio, el pasado domingo. 

Sin embargo, marzo también ha traído positivas novedades en un tema que también es muy sensible, como la medición de la contaminación, que es clave para enfrentar los episodios críticos de calidad del aire y también para ir generando conciencia en la ciudadanía sobre este grave problema de salud pública. 

Actualmente, existen dos monitores de material particulado fino (MP2,5), en las estaciones Purén e INIA, de los cuales se extraen datos para analizar el comportamiento de la contaminación originada por la quema de leña y que permiten a la autoridad ambiental no solo proyectar la condición ambiental de los días venideros y adoptar las medidas restrictivas al consumo de biomasa, sino también evaluar el real impacto que genera el documento ambiental.

Por esa razón, este año el instrumental será ajustado, a fin de mejorar su capacidad de medición, hoy limitada a 1.000 microgramos por metro cúbico de MP2,5, lo que en algunas oportunidades impide revelar la real saturación por humo de leña que se vive en la zona. De esta forma, el umbral máximo aumentará a 2.000 ug/m3, lo que permitirá una medición más exacta, capaz de abarcar un rango de concentraciones que hasta ahora no estaba siendo medido.

En la misma línea, la semana pasada se confirmó el funcionamiento, a partir de mayo, de siete nuevas estaciones de monitoreo en Chillán y Chillán Viejo, las cuales serán validadas durante este año, para posteriormente ser incorporadas en la red del Sistema de Información Nacional de Calidad del Aire (Sinca), en la que se insertan los dos aparatos ya existentes. 

Se trata de un proyecto desarrollado por el Centro de Óptica y Fotónica, Cefop, de la Universidad de Concepción, consistente en prototipos a escala industrial y cuyo objetivo es fabricar 150 equipos, a un costo equivalente a cuatro estaciones de monitoreo usadas en la actualidad. En consecuencia, la intercomuna pasará a tener 9 estaciones de medición, lo que contribuirá de modo significativo a las decisiones predictivas de los ministerios de Salud y Medio Ambiente y abre expectativas de una mejor prevención, pues la información oportuna es clave no solo para que las personas adopten acciones protectoras de su salud, sino que también favorece la concientización de la ciudadanía respecto de las medidas dispuestas por la autoridad, de manera que éstas sean respetadas. 

Es indudable que el problema de la contaminación atmosférica en Chillán y Chillán Viejo no es solo ambiental, de hecho, es una problemática cultural, social y económica y es gracias a la información que hoy existe mayor conciencia de las externalidades negativas de la calefacción a leña, como también de la necesidad de mejorar la aislación térmica de los hogares, preferir la leña seca o usar dendroenergéticos menos contaminantes como los pellets y las briquetas, así como la electricidad, el gas natural o el gas licuado.