Emprender por necesidad

En los últimos años en que el mundo ha evidenciado una fuerte crisis económica, se ha considerado la importancia de ciertas economías emergentes como motor de desarrollo, incluidas las de varios países de América Latina. No obstante, no resulta tan claro que exista un aumento de la productividad en los países de nuestra región, y menos que este aumento provenga de mayor innovación o del desarrollo de actividades emprendedoras de alto impacto.

Un estudio del Banco Mundial muestra la gran distancia que existe entre los países latinoamericanos y otros más desarrollados, en términos de innovación y productividad. Muchas empresas y poca innovación es parte del título de este estudio.

Si bien la aparición de nuevas empresas es una constante, tanto es así que el Gobierno está impulsando fuertemente la actividad emprendedora, a través de sus políticas públicas, el problema parece estar asociado al tipo de emprendimiento que se fomenta. 

Chile es uno de los países de la región que muestra un alto nivel de emprendimiento. Datos de los reportes del Global Entrepreneurship Monitor para Chile hablan que, en promedio, uno de cada cuatro chilenos son emprendedores. De acuerdo con Doing Business, somos el cuarto país con mayor facilidad de hacer negocios en Latinoamérica. Asimismo, estamos en el cuarto lugar en la medición de actividad emprendedora inicial y una alta tasa de negocios establecidos. Es decir, pareciera que en cuanto a emprendimientos estamos muy bien.

Lamentablemente, y al igual que algunos países en desarrollo, la gran mayoría de nuestros emprendimientos son precarios y no presentan valor agregado. Éstos se caracterizan por acercarse más a una definición de emprendimientos por necesidad, los que también son un signo de la mayor desigualdad que se genera en el país.
Se habla de emprendedores por necesidad cuando un hombre o una mujer se insertan en la actividad empresarial cuando no tienen otra alternativa. Es decir, dado que no tienen empleos, se ven obligados a emprender.

En los últimos dos años llaman fuertemente la atención los datos entregados por el INE en cuanto a la disminución de asalariados y al aumento del empleo por cuenta propia. Las tendencias que se muestran nos hablan de menos asalariados y más emprendedores y Ñuble no escapa a ellas. De hecho, los trabajadores por cuenta propia crecieron 12,4% en los últimos doce meses, mientras que los asalariados disminuyeron un 0,9%. 

Lo anterior confirma el proceso de precarización del empleo que se viene observando en Ñuble en los últimos dos años, como consecuencia de la pérdida de puestos de trabajo en sectores productivos con mayor agregación de valor, como la industria manufacturera, y la creación de empleos en sectores como el comercio y la agricultura, caracterizados por su menor calidad. Si se considera que en Ñuble un 50% de los trabajadores percibe un ingreso mensual líquido igual o inferior a $300.000, según la Nueva Encuesta Suplementaria de Ingresos 2015, la generación de empleos precarios, ya sea de microemprendimientos como asalariados, no contribuye a mejorar el panorama.

Sin duda alguna, la desigualdad en Ñuble se seguirá profundizando en la medida que no tengamos emprendimientos por oportunidad y nuestro mercado laboral siga mostrando un falso dinamismo, anclado en actividades por cuenta propia con condiciones precarias, sin agregar valor y con escasas oportunidades de crecimiento.