Destrucción de empleos

Las estadísticas de desempleo del trimeste noviembre-enero en Ñuble entregadas esta semana por el INE no solo revelaron que en 12 meses la tasa aumentó dos puntos porcentuales, al ubicarse en 7%; sino que también mostraron un preocupante aumento en el número de empleos por cuenta propia y la pérdida de trabajadores en el sector público.

El fenómeno que se observa en la zona, caracterizado por un importante aumento de la fuerza de trabajo en esta temporada (en comparación con igual trimestre del año pasado), tiene mucho que ver con las expectativas de quienes en verano están dispuestos a trabajar en labores de temporada, con un creciente dinamismo de la agricultura, la agroindustria y el turismo.

Y si bien el aumento de dos puntos del desempleo se puede explicar por el mayor número de personas dispuestas a trabajar en esta época, lo que está diciendo el mercado laboral local es que la demanda de trabajadores en algunos rubros no ha sido tan alta como se esperaba, debido principalmente a factores climáticos.

Por un lado, eventos como las heladas de primavera y las altas temperaturas del verano redujeron fuertemente los rendimientos de cultivos que tradicionalmente exhiben altos retornos. Por otro lado, la escasez hídrica que con seis temporadas consecutivas ya parece crónica, persuadió a los agricultores de sembrar menos como una medida de precaución frente a los negativos pronósticos. 

En ese contexto, la Asociación de Agricultores de Ñuble y la Junta de Vigilancia del río Ñuble advirtieron la semana pasada que los ríos de la zona exhiben un déficit de 50% en sus caudales, y que algunos agricultores habrían perdido hasta el 50% de su producción. 

En el caso de la ganadería, la menor disponibilidad de agua ha elevado los costos en alimentación, lo que está presionando a muchos productores a liquidar su ganado y a reducir personal. En la lechería, por ejemplo, el gremio advierte una disminución de 23% en la producción.

Los incendios forestales, en tanto, cuyo efecto no alcanzó a observarse en su completa dimensión en la medición de empleo del INE, también destruyó empleos en el agro, en el sector silvícola y en el turismo.

Este aumento del desempleo, que desde la perspectiva del Gobierno no debiera alarmar porque se trataría de un fenómeno estacional, también tiene que ver con la reducción de los funcionarios en el sector público, por una parte, debido al inicio del verano y el fin de algunos contratos, pero también por el fin del aumento sostenido en las contrataciones que se observó el año pasado, un año electoral.

En tiempos de desaceleración, sin embargo, lo más preocupante y que requiere de mayor atención por parte de la autoridad, es la precarización del empleo, que queda en evidencia con el reemplazo de trabajadores con mayor experiencia y mejor remunerados, por otros con salarios más bajos.

Frente a esta realidad no debiese extrañar, entonces, el alza de 12,4% en el número de empleos por cuenta propia, lo que está asociado a trabajos muchas veces informales, sin protección social y con menores sueldos.

Cuando los números confirman las expectativas negativas en materia de empleo, no se puede pretender tapar el Sol con un dedo, y en vez de buscar explicaciones, lo que se espera de las autoridades es que generen las condiciones que estimulen la inversión. Probablemente muchos empleos no se recuperen jamás, pero se puede pensar en la creación de nuevos puestos de trabajo si existe una visión compartida tanto en el sector público como en el privado, de que es necesario reducir la incertidumbre para invertir, crecer y generar trabajo.