El riesgo de los barrios emblemáticos

Fue en la década de 1950 cuando muchos vecinos solucionaron sus problemas habitacionales improvisando viviendas en algún terreno periférico en relación a las cuatro avenidas de Chillán.   Poco a poco fueron creciendo así, las tomas, en un proceso que recién terminó unos 35 años después.   Fue la tenacidad de sus vigorosos vecinos lo que permitió organizar a los pobladores y conseguir, paulatinamemte, que se les reconociera como poblaciones establecidas, fozando a las autoridades a pavimentar sus calles, dotarlos de alcantarillado y alumbrado público y, desde luego, ponerle numeración a sus calles.   Así fueron naciendo barrios emblemáticos de la ciudad, como la población Luis Cruz Martínez, Río Viejo, Santa Elvira, Arturo Prat, la población Mardones o la villa Kennedy, entre otras.   Y mientras en las décadas siguientes fueron las autoridades de vivienda y urbanismo quienes fueron creando sectores residenciales nuevos como Los Volcanes, la población Santa Filomena, Nueva Río Viejo, Lomas de Oriente, o las Villa Las Almendras, Doña Rosa o Doña Francisca, los vecinos de los anteriores sectores, ya llamados emblemáticos, fueron viendo como sus hijos se fueron cambiando para estas nuevas casas, al mismo tiempo que veían que la gente que venía de otras ciudades a vivir a Chillán, optaban por alguna casa de estos nuevos proyectos.   La consecuencia hoy es evidente. Los barrios emblemáticos se fueron quedando con una gran cantidad de vecinos de la tercera edad, los fundadores o los primogénitos de esas calles, quienes hoy dicen sentirse “vulnerables” ante una dinámica delictual que presenta patrones de violencia para los que, sencillamente, no están preparados.   “Todo se agradece, el que nos vengan a poner luminarias, el que pongan señalética o el que haya más patrullaje policial. Pero nosotros somos un segmento más frágil y a veces no basta con esas medidas para evitar el temor en que muchos de nuestros vecinos adultos mayores viven”, explica Clarisa Muñoz, presidenta de la junta de vecinos de la población 11 de Septiembre, representando un sentir generalizado y compartido con el total de sus pares. LA DISCUSIÓN, conversó con seis de los presidentes de algunos de estos barrios llenos de historia, personajes, fútbol amateur y tradiciones que merecen ser alumbradas por algo más que un faro del año 60.   La “invadida” villa Kennedy Joaquín Cisternas, presidente de la villa Kennedy, vive en el lugar desde toda la vida, incluso cuando no pesaba eso de decirle “población”.   Si bien dice que en su barrio no hay una presencia delictual tan fuerte como “sé que hay en otros lugares de la ciudad, nosotros sufrimos robos durante el día, ya que los matrimonios, casi todos adultos mayores, salen a comprar o van a los Cesfam juntos y, como dejan sus casas solas, los robos se producen entre las 10 y las 12 del día”.   El problema se agrava debido a que “es casi imposible convencerlos de que realicen las denuncias y lo malo es que si no denuncian, carabineros toma este barrio por tranquilo y no hay tanto patrullaje”.   Sin embargo hay dos problemas que los aquejan más. El primero son las luminarias. “Nosotros somos gente mayor, nos cuesta mucho más ver de noche y los postes de luz que tenemos ya tienen 50 años y muchas veces vienen personas a tomar a la plaza y de vez en cuando hay escándalos lo que es muy intimidante”.   Pero el segundo, es el que más los complica: “Antes, esta villa era transitada casi en forma exclusiva por los residentes. Hoy con los barrios nuevos del sector nororiente o incluso los que van para la Universidad del Bío Bío se meten a esta villa para evitar el tráfico y eso hace que en nuestros 17 pasajes siempre haya tacos de hasta dos cuadras. Los que tienen autos deben esperar que el taco termine para poder salir porque los pasajes son estrechos”.   Calles en mal estado en “la 11” Una caída a los 20 años es una caricia comparado con quien la sufre a los 70.   De eso sabe muy bien Clarisa Muñoz, dirigenta vecinal de la población 11 de Septiembre, quien acusa que uno de los tantos problemas que tienen como barrio es “el mal estado de las calles, son muy pero muy viejas y están llenas de hoyos o desniveles”.   Con el antecedente que ella, como presidenta, tiene 72 años, que el tesorero tiene 73 y que la secretaria (la más joven) tiene 68, busca representar el promedio de edad de un grueso de ese vecindario.   “Ese problema de las calles para nosotros es fatal por lo que significa una caída a esta edad. Personalmente, me tropecé en la calle y me quebré el pulgar y el meñique y todavía no los puedo mover bien, creo que nunca más lo haré”, relata.   Sin embargo, apunta a vecinas que se han fracturado la cadera o una pierna lo que las deja casi de por vida en una cama, además de pérdidas de dientes, fracturas nasales o quebrazones de lentes por los que nadie paga.   “Nos dicen que podemos demandar a la municipalidad, pero lo que la gente no sabe es que a esta edad ya no quedan energías para esos trámites, no podemos esperar por horas y horas que nos atiendan  ni que nos interroguen una y otra vez en las investigaciones, por esa razón nadie reclama y se llevan los problemas para la casa”, explica.   “Los robos son eventuales, no tan seguidos, pero cuando roban, roban casas enteras porque los vecinos salen a comprar y dejan sus casas solas”, apunta.   Billetes falsos y cuentos del tío En la población Santa Elvira se da un fenómeno particular que se aprovecha de la avanzada edad de sus víctimas.   Joselyn Polanco, presidenta de la junta de vecinos del sector explica que “muchos de los residentes más antiguos del sector venden cosas en sus propias casas, como huevos, pan amasado o queques, pero también hay varios que viven de sus negocios establecidos. Como ellos son gente ya mayor, últimamente hay varios que han sido víctimas del pago con billetes falsos, realmente hay muchos casos, sobre todo en los últimos años”.   Para la dirigenta el problema es que “como son adultos mayores, les cuesta mucho diferenciar un billete de otro”. Y eso no es todo, se cree que se trataría de una misma banda que se ha especializado en timar y engañar a estos abuelitos, “porque hay varios casos de estos vecinos que han caído en algún cuento del tío”.   En lo estructural, dice necesitar con urgencia una poda de árboles porque tapan las débiles luminarias que hay en el sector. “Y el problema es que si pillan a algún vecino podando un árbol, le pasan un parte, lo malo es que ellos (el municipio) viene tarde, mal y nunca a podarlos”.   En cuanto a robos, han sido víctimas de varios hechos que han afectado a galpones, negocios o bodegas y la dirigenta asegura que “si bien hay más patrullaje que antes, considero que sigue siendo insuficiente”.   La “pista” de Luis Cruz Martínez En la población Luis Cruz Martínez las quejas por robo y delincuencia existen pero son pocas, según el presidente Raúl Bravo quien asegura que “al menos para este sector no pasa nada”.   Agradece el que hace poco hayan mejorado las luminarias y la instalación de señaléticas.    Pero el problema que les aqueja es que “las señaléticas parece que las pusieron de bonito, porque nadie las respeta y los autos y camiones pasan por acá a la velocidad que les da la gana y ya hemos tenido accidentes fatales. Tal vez si fiscalizaran más el tema de la velocidad, la gente se acostumbraría a andar a una velocidad adecuada”, apunta.   Las noches locas de Sarita Gajardo Eliana Hollander, presidenta de la población Sarita Gajardo, dice que la alta circulación del plan cuadrante de Carabineros ha hecho que los robos bajen, aunque en la noche no es tan recomendable circular por ciertos pasajes.   Sin embargo apunta a que “antes estábamos como más aislados y vivíamos tranquilos, pero ahora quedamos al medio de varios sectores nuevos y en las noches sufrimos los escándalos de todas las personas que vienen de las discos que quedan por Alonso de Ercilla hacia arriba y la presencia de otros jóvenes que vienen de otros barrios a hacer sus cosas acá”.   Para ella, una de las grandes dificultades es que “por la edad de los vecinos, es difícil organizarlos, nuestras reuniones de junta de vecinos nunca superan las 15 personas”.   Nostalgia en la población Mardones “Acá nuestros vecinos no tienen plata para irse de vacaciones a la playa. Muchos pasan las noches de verano en sus banquitas fuera de la casa conversando con las familias que viven al lado” , asegura el presidente de la población Mardones, Eduardo Salazar.   Para el dirigente, esos días de paz y convivencia vecinal se fueron perdiendo cuando “nuestro barrio se transformó en un pasillo para escuelas, el Cesfam San Ramón Nonato y muchos otros barrios, entonces ahora nos llenamos de personas que vienen a puro hacer maldades y eso significa robos y lamentablemente, pocas denuncias. Sinceramente, acá hay muchos abuelitos que viven atemorizados y ya ni a la banquita fuera de su casa pueden salir con la tranquilidad que lo hacían antes. Sabemos que hay proyectos municipales, esperamos que eso arregle los problemas”, finalizó.