Deuda de los chillanejos

El último informe de la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras (SBIF) muestra que las colocaciones del sistema financiero en Chillán, durante noviembre de 2015, totalizaron 774.229 millones de pesos, en tanto, en noviembre de 2016 éstas aumentaron a 861.002 millones de pesos. Estas cifras incluyen tanto las colocaciones vigentes, que en noviembre de 2016 llegaron a $845.139 millones, como las vencidas, que sumaron $15.863 millones. Conclusión: el endeudamiento de los chillanejos con la banca creció 11,2% en doce meses. 

¿Es negativo este comportamiento? ¿Es conveniente endeudarse? ¿Los chillanejos están gastando más de lo que tienen? ¿Es posible “salir” de las deudas una vez que las mismas toman el control de nuestras finanzas? 

Lo primero que se debe tener presente es que la deuda es algo que debe ser analizado con inteligencia, ya que la rapidez en conclusiones del tipo “la deuda siempre es nociva” puede llevar a grandes equívocos, muy nocivos para las finanzas personales. 

En efecto, existe lo que podríamos llamar un pensamiento unidireccional con respecto al tema y por eso conviene partir identificando los diferentes tipos. La deuda ficcional es la más común y nociva de todas, pues es aquella que se contrae para vivir por encima de las posibilidades, creando un mundo de “ficción” que no tiene correlato con lo que se gana por mes. 

Otra es la que podríamos llamar deuda “hormiga”, que nace por la desorganización en las finanzas personales que llevan a pedir un pequeño préstamo por aquí, un adelanto de sueldo por allá, emisión y uso de tarjetas alternativas en mall y supermercados por otro lado y cualquier otro tipo de préstamo considerado “pequeño”, pero que luego pasa a formar parte de una bola de nieve que se vuelve muy difícil de cubrir. 

Un tercer tipo, muy frecuente en Chillán –ciudad caracterizada por los bajos ingresos de su fuerza de trabajo-, es la deuda de subsistencia, aquella que se contrae para poder llegar a fin de mes sin ningún tipo de lujos. 

Finalmente, un cuarto tipo es la deuda para invertir, donde el dinero proveniente del endeudamiento no se usa para consumir, sino para invertirlo en algún negocio u oportunidad. De los cuatro tipos ésta es la única que puede conducir a un crecimiento genuino del patrimonio, pero hay que estar muy seguro para llevarla a cabo y tomar siempre los recaudos en términos de medir el margen de garantía por sobre el capital invertido. 

Con esta claridad, conviene entonces atender a dos recomendaciones básicas. Primero, partir por un acto elemental como es clarificar la situación financiera. 

Negar la realidad por la vía de la “desprolijidad financiera” es el primer y mayor error. Y segundo, eliminar los vehículos de acceso al crédito inmediato, como las tarjetas o los préstamos automáticos y si se cuenta con varias tarjetas (los deudores crónicos suelen hacerlo para especular con los distintos vencimientos) la recomendación es eliminar las mismas y quedarse solo con una. Puede costar en un principio, pero es la única manera de frenar el aumento de los pasivos. Nadie quiere vivir tapado por deudas. 

Nadie quiere sentir angustia todos los meses cuando llegan los resúmenes de las tarjetas de crédito. Nadie quiere estar en Dicom. Nadie quiere tener que trabajar a destajo para pagar los intereses del banco. Pero se necesita aumentar la cultura financiera para entender los distintos tipos de deuda que debemos evitar, fuerza de voluntad para resistirse al embate consumista y sobre todo hablar de este tema, analizarlo y movilizar la conciencia de aquellos que se encuentran sufriendo esta compleja realidad.