[Editorial] Esperado parque urbano

  • Por: LaDiscusion.cl
  • Fotografía: Mauricio Ulloa

La anunciada intención de construir un gran parque urbano en un terreno ubicado al lado del aeródromo Bernardo O’Higgins debe ser recibida con optimismo por la ciudadanía de Chillán. Merecen esa calificación ésta y cualquier otra propuesta razonable destinada a sumar espacios verdes de uso público a Chillán, que no dispone de ellos en la medida requerida por parámetros internacionales. 

En materia de áreas verdes para la calidad de vida de la población urbana, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un estándar de 9 metros cuadrados por habitante como mínimo. Chillán tiene una tasa de apenas 1,83 metros cuadrados de áreas verdes por habitante, cifra que la sitúa como una de las ciudades chilenas más deficitarias en esta materia. 

Sin embargo, el acuerdo entre el municipio y la Dirección de Aeronáutica Civil que permitió una permuta que le deja a la ciudad un terreno de 25 hectáreas, contribuirá de modo significativo a reducir ese déficit, tanto desde el punto de vista cuantitativo, como cualitativo.  En efecto, la destinación de este paño a áreas verdes acorta inmediatamente en un quinto la brecha a la que aludíamos anteriormente, ya que para cumplir con el estándar mínimo de la OMS, Chillán necesita aumentar en 126 hectáreas la superficie destinada a áreas verdes. 

Hasta este momento, el anuncio oficial realizado el sábado por el alcalde Zarzar ha generado bastante interés y diversas opiniones entre la ciudadanía local, según se puede advertir en las redes sociales como en el correo de lectores de este diario. Este tema a la gente le interesa y lo ve como prioritario para su calidad de vida. 

A favor de él se ha dicho que es positiva la extensión de los espacios verdes de uso público, y también su incidencia en la salud mental de las personas y en la cohesión social, al igual que sus infinitas posibilidades de desarrollo, desde infraestructura para la práctica deportiva, hasta un anfiteatro o un parque botánico. No obstante, también se advierte cierta molestia por la ubicación escogida, e inquietud por la seguridad y su cercanía con un recinto donde operan aeronaves. 

Es obvio que las autoridades deberán pensar en tornar segura y sustentables las actividades que allí se desarrollen, pero ese momento es aún lejano, pues esta iniciativa recién está en etapa de anteproyecto y para concretarse, después de pasar por los proyectos de ingeniería y sus respectivas especialidades y postular a los fondos o programas públicos, podrían transcurrir entre 4 a 5 años. 

Puede parecer un exceso, pero las cuestiones urbanísticas y ambientales requieren una planificación responsable a mediano y largo plazo y que desde el punto de vista político pueden trascender los límites temporales de los períodos ordinarios de cada gestión alcaldicia. 

Con el correr de las semanas debiéramos ir conociendo propuestas e ideas sobre qué hacer en esas 25 hectáreas.

Un debate participativo y transparente siempre será deseable y lo alentaremos desde estas páginas. Pero también reiteramos lo que siempre hemos sostenido en cuanto a la misión educadora que debe cumplir un parque urbano: un espacio donde los ciudadanos (as) puedan inspirarse en la naturaleza para aprender a valorar sus bienes, sus servicios y la necesidad de adoptar mejores conductas individuales y colectivas para resolver algunos de los problemas ambientales que agobian a la ciudad, como la contaminación del aire, la basura, el abandono de mascotas y el uso responsable del agua y la energía.