[Editorial] Valle del Itata agrícola

Para nadie en la Provincia de Ñuble es un misterio que el Valle del Itata representa una zona rezagada, tanto en términos de infraestructura como de desarrollo económico y social. 

Basta recorrer los caminos de tierra, observar vastas extensiones de suelos degradados, perder la señal del teléfono celular, enfrentarse a la pobreza rural y comprobar la falta de servicios básicos, para entender que sin un impulso externo, difícilmente esta zona podrá salir del subdesarrollo. 

Ese impulso es el que se espera de la Zona de Rezago, el programa de Gobierno que promete abordar de manera planificada e integral, a través de programas de fomento productivo con líneas de financiamiento específicas, inversiones públicas e incentivos para privados, el desafío de revitalizar la economía de nueve comunas del Valle del Itata, y comenzar a pagar la deuda del Estado de Chile con sus habitantes, quienes han quedado marginados del desarrollo del resto del país.

Y es precisamente el rubro agrícola la principal actividad económica de sus habitantes y la gran oportunidad que tienen para levantarse y sumarse al desafío de ser una potencia agroalimentaria, porque pese a que la industria forestal es la que más riqueza genera, dicha riqueza se tala y se va a potenciar el desarrollo de Santiago, en cambio la actividad agrícola tiene un gran potencial de crecimiento, de la mano de la agroindustria y la exportación. 

Al comparar el desarrollo agrícola de los tres territorios de la Provincia de Ñuble es posible constatar el mayor crecimiento alcanzado por las comunas del Laja-Diguillín y del Punilla, donde ha sido clave la inversión en infraestructura de riego por parte del Estado y de los privados, y donde se combinan los cultivos tradicionales y los frutícolas de exportación. 

Sin embargo, en el valle del Itata, caracterizado por cultivos de secano, como las viñas y extensas plantaciones forestales, el desarrollo agrícola parece no haber llegado, a lo que contribuye la gran atomización de la propiedad (pequeños predios en manos de la agricultura familiar campesina), la escasa inversión en riego y el déficit de infraestructura productiva y de transporte. 

Desde una perspectiva de mercado, los precios no han sido muy favorables para los pequeños agricultores, que transan sus productos en un radio cercano y no cuentan con los volúmenes de producción ni los canales de comercialización apropiados para acceder a mejores precios. 

Las excepciones a esta generalidad son precisamente aquellos que han apostado por cultivos de altos retornos, como las cerezas y los berries en general, que han obligado a invertir en riego tecnificado, muchas veces de la mano de la asociatividad. Asimismo, quienes han avanzado en la cadena de valor, agregando valor a sus productos, como los vinos embotellados, las conservas, los concentrados, los jugos, los congelados y los deshidratados, han logrado escapar del círculo vicioso de la pobreza del valle del Itata. 

Es por ello que ahora, con la inyección de recursos por parte del Estado en el contexto de la declaración de Zona de Rezago, existe una gran oportunidad por avanzar en superar la brechas de este territorio en materia de infraestructura de riego y vial, en tecnología, en capital humano y en agregación de valor a la producción, apostando por cultivos más rentables y competitivos y mejorando los rendimientos.