Ordenanza de alcoholes

Desde hace tiempo se observa una preocupación cada vez mayor por parte de la comunidad respecto de las externalidades negativas que generan los locales nocturnos, específicamente, aquellos de expendio de alcoholes. 

Además, la controversia está cruzada por el hecho de que Chillán tiene muchas más patentes de alcoholes que las permitidas por ley. En la ciudad existen patentes limitadas que están descritas en la Ley 19.925, y correspondientes a las categorías A, E, F, y H. Según lo que precisa el Gobierno por medio de la Intendencia Regional y en atención a las cifras entregadas por el último Censo, de acuerdo a la población de Chillán, éstas no debiesen sobrepasar las 300. No obstante la capital de Ñuble posee alrededor de 500, lo que preocupa a la autoridad y ha llevado a la municipalidad a depurar el número. De hecho lograron bajarlas levemente, ya que el año 2014 existían alrededor de 550 permisos.

Lo concreto es que tanto vecinos como concejales se han mostrado partidarios de regular el funcionamiento de estos establecimientos, más allá de la regulación que se señala en la propia Ley de Alcoholes, que justamente faculta a los municipios para dictar ordenanzas específicas que regulen o restrinjan el horario de funcionamiento, así como su ubicación y la entrega de patentes.

Tal ordenanza en realidad existe, y data de 2015, sin embargo, pese a que fue el resultado de casi tres años de análisis, debate y cabildeos, su implementación no dejó conforme a nadie y en el gobierno local han declarado como prioridad su reformulación. 

Un punto clave, para los actuales ediles, es conocer en detalle la ubicación de las patentes actualmente entregadas, para así determinar cuáles son los barrios más saturados. Con ese insumo, tendrían mayores argumentos a la hora de permitir o rechazar nuevas patentes o la renovación de las mismas.

Existe la idea, que la concentración de locales ha generado más de un problema de ruidos molestos y de desórdenes en la vía pública, sin embargo, tal diagnóstico -acertado en el caso de sectores residenciales- no puede desconocer que la concentración también es positiva, si lo que se quiere es zonificar la distribución de dichos establecimientos. En términos de logística policial, es mucho más eficiente la concentración cuando se requieren patrullajes constantes, especialmente los fines de semana, cuando aumenta la afluencia de público. 

Dado que es un tema que afecta a empresarios del rubro, a consumidores y a vecinos, conviene enfocarse en las soluciones a los problemas que se generan como consecuencia de la existencia de los bares y pubs. 

En ese sentido, el mejoramiento de los niveles de seguridad, así como el control de los desórdenes en la vía pública, no se solucionan limitando el horario de funcionamiento, ya que las riñas se pueden producir tanto a las 2 como a las 5 de la mañana. 

Por ello, es conveniente escuchar a los empresarios y administradores de locales nocturnos al momento de debatir este tema, quienes sostienen que se requiere mayor vigilancia policial y aplauden la idea de instalar cámaras de seguridad conectadas con Carabineros. Claro que para hacer eso, no se requiere una ordenanza, sino que recursos (públicos y privados) y voluntad de la autoridad. 

Es de esperar que los actuales ediles, que se han propuesto dotar a la ciudad de una reglamentación clara y moderna para esta materia, actúen en consecuencia, pensando en el largo plazo, y no sobre la base de la coyuntura y la eventual presión de algunos grupos de interés.