El factor humano

Pocos son los fenómenos que pueden afectar tan significativamente distintos aspectos de nuestro entorno como los incendios forestales. Por cierto, afectan a la naturaleza y su biodiversidad. Pero también amenazan la vida de las personas, sus casas y propiedades, el trabajo, la salud e incluso la movilidad, como ocurre actualmente con el corte de las rutas interurbanas. 

En términos de balances, los incendios forestales muestran estadísticas históricas que no son para nada positivas. Existe una sistemática afectación de superficie que promedia las 60.000 hectáreas anuales. Sin embargo, muchas veces ocurren episodios extraordinarios que incrementan estas cifras, como en la actual temporada donde van más de 250 mil hectáreas arrasadas por el fuego y cerca de 2.500 viviendas completamente destruidas, si consideramos la catástrofe en Valparaíso semanas atrás y la ocurrida la madrugada de ayer en el poblado Santa Olga, en la Región del Maule. 

Se insiste por una parte en el tema de los recursos. Sin embargo, no se trata de más recursos para el combate. Se podrían duplicar o triplicar las brigadas y solo tendríamos más gente combatiendo los mismos cinco mil incendios que se producen anualmente. Es posible que serían atacados más rápido, pero ello depende en mucho de las condiciones de clima y accesibilidad, tal como lo ha demostrado la tragedia que hoy vive el país. 

Por otra parte, persiste el debate sobre la incidencia  del aumento sostenido de la superficie de plantaciones, principalmente de pino y eucaliptos, especies que serían más combustibles que las endémicas y por ende generadoras de mayor riesgo de incendios y vulnerabilidad de las comunidades aledañas. 

La discusión en la que han entrado especialistas que sostienen tesis en uno y otro sentido está lejos de zanjarse, sin embargo, en momentos en que sobran las opiniones y muchos aprovechan de pasarle cuentas a las empresas forestales por estos incendios, es conveniente recordar que independiente de la responsabilidad que tienen en materia de prevención y del aprovechamiento que algunas hacen de la levedad de nuestra legislación, detrás de cada uno de estos siniestros hay personas que los originaron. Negligencia o intencionalidad, finalmente el origen siempre es humano. 

En efecto, humanos son los que provocan atentados y actos de piromanía. Humana es también la práctica de acampar en zonas no habilitadas y descuidar las fogatas, lo mismo que la costumbre de postergar la limpieza de quebradas y zonas aledañas a poblaciones, reduciendo el combustible potencial en temporada alta. 

El hombre es también el responsable de quemar residuos agrícolas o basura en las cercanías a zonas con vegetación y presencia de viento, como ocurrió con el incendio que el pasado fin de semana devastó 500 hectáreas en Bulnes. 

Considerando el denominador común de la acción humana en el origen de los incendios forestales, hay dos consideraciones claves e impostergables de abordar. En primer lugar, enfrentar decididamente el factor humano en el origen de los incendios forestales, analizar las causas, perseguir a los culpables, educar a la población y entender las motivaciones detrás de la intencionalidad de muchos siniestros. Y en segundo término, afrontar este tema como un desafío de alcance nacional que involucre a toda la ciudadanía, tanto de áreas urbanas como rurales. 

No se trata solo de combatir los incendios forestales, sino de evitar que se originen y ese objetivo es tarea de todos.