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12 cementerios católicos en Ñuble no tienen autorización sanitaria

Solo cinco de los 17 cementerios católicos asociados a parroquias que existen en Ñuble, cuentan con una autorización sanitaria de funcionamiento, según el catastro de la Seremi de Salud. Los tres camposantos ubicados en El Carmen, el de San Ignacio y Quirihue, son los únicos que la han gestionado.

El Reglamento General de Cementerios que data de 1970, exige la autorización de funcionamiento de parte de la Autoridad Sanitaria. Entre los requisitos se piden planos, reglamento interno y de arancel y aprobación de la ubicación del cementerio por parte del municipio. Además de que se cumplan las condiciones de cierre perimetral de la superficie, construcción de caminos de acceso, estar ubicado a menos de 25 metros de una vivienda, entre otras.

Aunque el reglamento entró en vigencia en 1970, durante el segundo semestre del año pasado la Seremi de Salud ofició al Obispado para que realizara las gestiones de regularización. “El Plan Operativo Anual de la Unidad de Saneamiento Básico de la Seremi de Salud Ñuble (creada en 2018), con-templa la fiscalización de estos establecimientos; por lo cual se ha solicitado la presentación de antecedentes y regularización de autorización sanitaria”.

Y puntualizó que “respecto a medidas de prohibición de funcionamiento u otras medidas sanitarias; estas no se han decretado, dado que los cementerios tienen un historial de funcionamiento normal; y su operatividad actual no representa un peligro inminente para la salud de las personas”. Los cementerios parroquia-les de Cobquecura, Coihueco, Ninhue, Quillón, Pinto, San Fabián, Portezuelo y Pemu-co funcionan sin tener la resolución.

Tampoco la tiene el mausoleo de la parroquia El Sagrario. El Obispado de Chillán explicó que los cam-posantos “fueron creados por una necesidad de la comunidad y con anterioridad a la ley que rige la ordenanza de Cementerios en Chile, cumplen un fin social y son administrados en forma local por la parroquia de su jurisdicción, invirtiendo los recursos en mejoras de los cementerios y ayuda al sostenimiento del culto local. Las parroquias son unidades independientes administradas por el párroco”.

Y precisó que “el Obispado está en contacto con la Autoridad Sanitaria con el objeto que los cementerios parroquiales se adecuen a la normativa vigente, y en conjunto con las parroquias está implementando un plan de administración parroquial, impulsado por la Conferencia Episcopal, para unificar los criterios, estandarizar los procedimientos, cumplir con las normas regulatorias y dar transparencia en la informa-ción a los fieles”.

Administrar un cementerio

Un sacerdote administrador de cementerios que pertene-ce a otra Diócesis reconoce que la dificultad de hacerse cargo de un cementerio es un problema generalizado para las parroquias y sostiene que “el sacerdote llega a una parroquia donde tiene cemen-terios y nadie le enseñó cómo administrarlos. Hay diócesis que han hecho distintos cami-nos, el obispo también puede convocar a sus sacerdotes y ayudarlos en este tema”.

Además admite que “hay cementerios muy bien adminis-trados, como en todo negocio, y otros donde no todo está tan bien ordenado. Tiene que ver con recursos, porque los cementerios católicos son más baratos. La mayoría no tiene la autorización sanitaria princi-palmente porque están casi al lado de casas, o no cumplen con el reglamento de lejanía de canales de regadío, pero se debe a que los cementerios fueron creados antes. Es una traba legal que la Autoridad Sanitaria tampoco ha podido resolver”

Impuestos y boletas

Al llamar a la parroquia de Pinto y preguntar por el valor de un derecho a sepultura en el cementerio parroquial, que no cuenta con autorización de funcionamiento, se informa que “300 mil pesos vale el terreno. Después, la construcción del nicho se habla personalmente con algún maestro. Se hace un contrato y se da una autorización para que el maestro pueda entrar a trabajar. De eso se da un aporte de un 20 por ciento a la parroquia”.

La mayoría de los cementerios parroquiales venden derechos de terreno sin en-tregar comprobantes válidos para el Servicio de Impuestos Internos (SII). La construcción de sepulturas, mausoleos o nichos, se asocia a un maestro que realiza las construcciones y paga un porcentaje a la pa-rroquia. Por esto se entrega un contrato de obras, que no tiene carácter tributario. En 2012 el SII emitió una circular que explica que “como regla general, las iglesias, las confesiones y entidades religiosas reconocidas por el Estado no se afectan con el impuesto a la renta”.

Sin embargo, el documento plantea una excepción “cuando las entidades religiosas, además de las propias de culto, lleven a cabo actividades gravadas o posean bienes susceptibles de producir dichas rentas de conformidad con la ley”. La circular también precisa que “cuando excepcionalmente puedan ser calificados como sujetos de IVA por llevar a cabo de forma habitual ventas de los bienes respectivos o prestar servicios gravados, quedarán afectos a IVA de conformidad con las reglas generales”.

El presidente del Colegio de Contadores de Ñuble, Roberto Bustamante, afirma que “la circular establece que las congregaciones por ley están exentas de impuesto por su ingreso personal que es por ejemplo el diezmo, pero la Iglesia desarrolla actividades afectas, como vender bienes raíces o derechos, estas son actividades afectas a impues-tos”. Bustamante detalla que “la venta de inmuebles -terrenos- no es afecta a IVA, por lo tanto deberían dar una factura exenta por el pago. En los casos en que haya una construcción de por medio, esa parte estaría afecta a IVA y tendría que haber una boleta”.

Cumplir con la normativa

En el Cementerio Parroquial de Quirihue se construyen ac-tualmente más de 200 nichos. La parroquia a cargo del sa-cerdote Rodrigo Uribe, trabaja con cuatro maestros externos, a quienes autoriza a realizar obras en el cementerio. Una sepultura para tres personas puede alcanzar un valor de $1.700.000, y una para seis $2.500.000. En el caso de mausoleos, los costos ascien-den a $3 millones de pesos. La parroquia percibirá el 10 por ciento de esos montos y realizará un “contrato de obra de cementerio”, que no tiene carácter tributario, y donde no hay ninguna boleta que lo respalde. En él se detallan valores, fechas de entrega, y una cláusula en la que se mul-taría al maestro si no termina el trabajo. Además, la parroquia cobra $380 mil por cada nicho, y una mantención de $12 mil anuales.

El valor se ha duplicado en tres años. Para muchas parroquias, los cementerios son su principal fuente de ingreso, e incluso pueden llegar a percibir 7 millones mensuales por ventas de derechos y porcentajes de construcción de obras. Si bien, para otras no es rentable. Cobquecura tiene tres ce-menterios parroquiales; nin-guno cuenta con autorización sanitaria de funcionamiento. El párroco René Gómez, reconoce el problema. “No hace mucho que llegué a Cobquecura. El otro día hablé con un contador y nos dimos cuenta que nos faltan las escrituras y sacar el título de dominio vigente de los terrenos”, admite. Respecto a la tributación que debe realizar el cementerio reconoce que “no damos boletas, pero queremos hacer ese paso y hacer la regularización en el SII”.

Gómez enfatiza que “tenemos que regularnos, uno se encuentra con muchas falencias. Por ejemplo el que está en Colmuyao, estamos organizados para hacer un trabajo voluntario con la gente el último sábado de mayo, para poderlo limpiar porque está dejado de la mano de Dios”. El presbítero comenta que “antes era párroco de Porte-zuelo -con cementerio sin autorización- y avanzamos algo, pero no como corres-ponde, cuando me fui no entregábamos boleta por cementerio”. El actual párroco de Por-tezuelo, Samuel Cereceda, asegura que “estamos traba-jando para regularizar. Hay maestros externos, que nos pagan un porcentaje debido a que gastan agua, que es cara. Claro, eso está todavía sin tributar”. Boanerges Correa, párroco de Pemuco, comuna con ce-menterio sin regularización, comenta que “funciona sin ánimo de lucro, no se paga administración, y simplemente se compra un derecho, yo no me meto mucho en eso, por-que lo maneja la secretaria. La tumba vale un poquito y la gente tampoco ni la paga, se están buscando los papeles para tratar de legalizar”.

Pese a que el Cementerio Parroquial de San Ignacio sí cuenta con resolución de fun-cionamiento, aún no cumple con las exigencias tributarias. El párroco Darwin Mardones, reconoce que “en estos mo-mentos no tributamos porque estamos esperando la patente municipal, que es lo único que nos falta, pero el Plano Regu-lador dice que en el terreno no deben haber cementerios ni crematorios”.Mardones admite la presen-cia de constructores que trabajan sin regulación.

“Trabajamos con maestros contratados por la parroquia y externos, que se adjudican una obra y dejan un porcentaje. Los que están en este sistema antiguo, algunos están empezando a trabajar con el tema de boletas. La Seremi nos pide eso porque si ellos tienen un accidente dentro del terreno es responsabilidad nuestra. Pero como la parroquia no tributa, igual algunos están poniendo obstáculos porque dicen pero si la parroquia no da boleta cómo les exigimos a ellos. Los maestros tienen que dar boleta, y la parroquia cuando va a hacer un contrato, van a comprar un derecho de terreno o va a hacer un contrato de construcción también tiene que emitir boleta”, enfatiza.

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